viernes, 3 de mayo de 2013

ELLOS YA NO ESTÁN SOLOS...


Cierto es, que nuestro mundo se desvanece por momentos, siendo nuestro presente, el último aliento de un anciano legado que pide a gritos un mañana mejor, en el que las primeras luces del alba, caminen hacia un futuro más sostenible, donde todos los seres vivos de este mundo sean tratados desde la igualdad, el respeto y  el amor que merecen.
Pero a esperas de que ese nuevo paradigma inunde nuestras vidas, hemos de seguir firmes en nuestra convicción, siendo partícipes de las actuales desigualdades que se mecen en nuestro planeta, y como resultante, ejerciendo nuestra más profunda voluntad, para conseguir que la balanza entre la miseria y la dignidad quede lo más equilibrada posible.
Hoy quisiera contaros una experiencia que me ha conmocionado por completo, sin ánimo de ejercer ningún juicio de valores, puesto que yo no soy mejor que nadie, sólo una persona entre tantas, que ha decidido luchar para cambiar un mundo repleto de dolor, injusticias y pobreza. Puesto que vivir aislados de la realidad, es como estar dentro de una prisión que nos aleja de la libertad y nos impide ser capaces de divisar los barrotes que nos separan de la misma...

Todo comenzó hace unas semanas, cuando después de investigar mucho a cerca del tema, decidí que quería apadrinar un niño de la India, ya que conocía de sobras la situación de extrema pobreza que vive este país, a pesar de que existen centenares de ONGs y fundaciones trabajando admirablemente para paliar los efectos de una crisis, que brilla cada día con más fuerza en este lejano rincón del mundo.
Así que finalmente después de informarme como es debido, comuniqué a mi mujer mis intenciones y ella como siempre me dio todo su incondicional soporte, además de alegrarse por que pudiéramos ayudar a alguien situado a tantos kilómetros de nosotros, concediéndole la posibilidad de albergar un mejor porvenir.
Finalmente, nos decidimos a apadrinar a través de la Fundación Vicente Ferrer, puesto que teníamos buenas referencias de toda la obra, que desde hace muchos años, están llevando a cabo en las zonas más desfavorecidas de Andhra Pradesh (al sur de la India).  Digo buenas referencias, porque aunque sea triste decirlo, actualmente muchas de las ONGs más populares, destinan parte del dinero procedente de sus socios y donantes, a pagar las nóminas de los centenares de altos cargos que las componen, así como los caprichos de los mismos, siendo sólo una pequeña parte de ese capital obtenido, el que con mucha suerte llega a los proyectos que dicen llevar a cabo. Por esta razón, siempre recomiendo trabajar con microONGs, o en el caso de trabajar con grandes ONGs, asegurarnos de que su actuación se lleva a cabo desde la más absoluta transparencia.
Así que después de rellenar un formulario a través de internet, nuestro apadrinamiento ya estaba en marcha.
Con sinceridad, a partir de ese día, tuve la sensación de que realmente nuestra acción serviría para devolverle la sonrisa a algún niño muy lejos de aquí, que merecía tener las mismas oportunidades que yo había tenido, siendo todos parte de un todo que no puede albergar diferencias, sólo por nuestra procedencia, raza o lengua.
Desde entonces, cada día que llegaba a casa miraba el buzón, con la esperanza de tener noticias de nuestro apadrinamiento, momento que llegó al quinto día de haber cursado la solicitud de apadrinamiento, gesto que ya decía mucho de la fundación.
Sinceramente, me cuesta expresar con palabras lo que sentí al abrir el sobre y encontrarme por primera vez con la foto de Vishnuvardhan nuestro niño, que posaba descalzo, junto a unas verdes arboledas de su poblado. Su apariencia  era la de un niño, pero sus ojos profundos, narraban mucho más, siendo su mirada un rayo de esperanza para mi convicción, que se vio aun más reforzada, después de saber que nosotros quizás podríamos dibujar una sonrisa en su rostro, con sólo diez y ocho euros al mes, una cantidad totalmente asumible para cualquiera, pero que en este caso, serviría para que él pudiera tener unos estudios y una mejor vida a partir de entonces. 
No pasaron ni dos segundos antes de que las primeras lágrimas recorrieran mis mejillas, pasto de una cierta tristeza y a la vez una gran felicidad, propia de aquella frase que tanto siempre me ha gustado, "...aquello que das te lo das, aquello que no das te lo quitas...". 
Acto seguido, llamé a mi mujer y le comuniqué la maravillosa noticia, sintiendo su emoción muy cerca de mi, a pesar de la distancia que nos separaba en ese momento, un sentimiento muy especial, que sólo alberga en las personas que tienen la suerte de caminar siempre en el mismo sentido, tanto en los momentos buenos como en los malos.

Con esta pequeña vivencia, que muchos pueden ver como algo sin mayor relevancia, sólo pretendo transmitir un mensaje muy simple, pero de gran importancia, puesto que todos somos parte de este mundo y todos tenemos en nuestro poder la posibilidad de mejorarlo. Para ello, el primer paso para  enterrar del todo este viejo paradigma, mancillado por el capitalismo, el individualismo y la explotación de los derechos humanos y animales, es actuar!
Ya que si no somos capaces de comprometernos con el cambio que deseamos ver en nuestro presente, de nada sirve esperar un tren que seguramente jamás llegará.
Por esta razón, os invito a replantear la posibilidad de apadrinar a un niño, dándole la oportunidad que la vida no le ha dado, y en definitiva poniendo vuestro grano de arena, para que quizás algún día, podamos juntos contemplar las cenizas del viejo mundo, desde los pilares de una nueva era, que seguro ha de traer consigo grandes tiempos de luz y esperanza para todos...
Yo por mi parte sólo puedo decir..."ellos ya no están solos..."


Sergi Gámez






1 comentario:

  1. un hermoso blog! en mi casa tenemos "apadrinada" una familia por nuestra cuenta, una familia nepalí con la que conviví unas semanas :)

    NAMASTE

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